Entrevista para el EuropheaNews

A tres de julio, en una cafetería de las afueras de la capital, quedamos con la entrevistada. Es una tarde magnífica; sopla la brisa, y ella se presenta con un traje de verano que enseña las huesudas rodillas. Parece una persona sencilla, y sus ademanes lo demuestran. Nadie diría que el destino de muchas naciones depende de una mujer de color, tan menuda; y sin embargo, desde que fue elegida presidenta en mayo, así es.

Ella pide un café con leche y nos recomienda hacer lo mismo.

PREGUNTA: Es usted una mujer de costumbres. No se ha saltado ningún día el paseo matutino que efectúa en el Parque Dante, toma siempre el café con leche y cuatro terrones de azúcar, y siempre lee unas páginas de la Biblia antes de acostarse.

RESPUESTA: En efecto. Siempre he creído que los actos reiterativos afianzan la voluntad. Si cada día que pasa intento hacer cosas diferentes como persona, ¿qué clase de inconsistente político podría nacer de mí? Pero lo del azúcar es sólo capricho. (Ríe). Hay que cuidar la línea.

P: Está usted muy en forma.

R: Demasiado delgada, quizá. Tampoco me importa: siempre lo he sido.

P: Sin ánimo de parecer grosero, ¿qué edad tiene exactamente? Es uno de los grandes misterios de su persona.

R: No es que no quiera decirlo; entiéndame, una mujer que llega a donde yo he llegado no debería preocuparse por esas curiosidades de la gente. Sin embargo, prefiero dejar que se adivine. ¿Cuántos me echa usted?

P: Es una pregunta difícil. ¿Habría represalias si respondiera más de los que debería?

R: Sí. (Ríe). Ponga 25, y todos contentos. ¿Para qué periódico me dijo que trabajaba?

P: El EuropheaNews.

R: No lo conozco. Hay tantos ya… Y todos pendientes de lo mismo. (Suspira y pone los ojos en blanco).

P: Usted se presentó a las Primeras Elecciones Unificadas Europeas representando a un partido que era casi desconocido entonces. ¿Pensaba que iba a llegar tan lejos con el Partido Capitular?

R: En realidad, no. Nuestro partido no se ha definido nunca precisamente por las grandes publicidades, aunque creemos que podemos hacer un gran trabajo con la Unificación.

P: Todos hemos podido observar los buenos resultados que ha producido la primera medida que tomó usted, el embellecimiento de los cementerios. ¿Cree que es una medida realmente necesaria? ¿No deberían centrarse antes en los problemas de los vivos?

R: Usted sabe que un político tiene que buscar la simpatía del electorado, antes de ponerse en serio a recoger lo que siembra. La mayoría de la gente tiene familiares o conocidos que han fallecido. Después de la Tercera Guerra, decidimos que era fundamental rendir un homenaje apropiado a todos aquellos que nos habían abandonado. No, era necesario. La gente tiene que entender que hay que limpiar primero las migas de la mesa, antes de extender el mantel.

P: Pero eso le ha acarreado ya el apelativo de excéntrica.

R: ¿Y quién no lo es?

P: Muy cierto.

R: Las cosas han cambiado. Tuvimos mucho, muchísimo trabajo durante la Guerra. El Partido Capitular prestó un importantísimo papel en ella.

P: ¿Ah, sí? ¿Es quizá esa “gran declaración” que nos ha prometido para esta entrevista? ¿Revelar datos acerca del Partido Capitular?

R: En cierto modo. Le aseguro que cuando acabemos esta conversación, comprenderá usted, y todos sus lectores, que el papel que nos espera en la política mundial es de lo más relevante.

P: ¿Podría darnos un adelanto?

R: (Ríe). Después.

P: Coméntenos entonces cómo surgió la idea de presentarse a las Elecciones Unificadas. Había cientos de partidos. Seguramente es consciente que, de no haber sido por esa serie de catástrofes en los demás partidos, ustedes no hubieran llegado a mucho, en política mundial.

R: Desde luego, no negamos que hemos tenido mucha suerte. Pero lo importante es que estamos aquí.

P: ¿No le parece, ya que hablamos del asunto, que es mucha casualidad que prácticamente todos sus rivales en las Elecciones cayeran víctimas de todo tipo de desgracias? Ya sabe que se ha comentado que su ascenso al poder podría deberse a una serie de asesinatos encubiertos, al estilo de una mafia bien organizada.

R: Sabe usted que no. ¿Cómo podría culparse a alguien de tantas muertes naturales? ¿Sólo porque haya resultado beneficioso para nosotros? Piense que prácticamente todo lo que sucede se debe a la casualidad. Desde la meteorología, hasta el llanto de una esposa por el marido que muere arrollado por un conductor borracho. Ya sabe: si hubiera salido sólo cinco segundos después de casa… Si hubiera torcido en aquella esquina en lugar de en la otra… Usted mismo, probablemente, se ha salvado de cien muertes horribles en su camino a esta cafetería. ¿Eso le convierte en un conspirador, o simplemente ha tenido suerte?

P: Lo expone de manera sencilla. Pero, según los datos, han muerto los líderes de sesentaiséis partidos candidatos a la presidencia. Y usted ha resultado elegida.

R: Lamento mucho todas esas muertes, por supuesto. Pero le repito que es humanamente imposible que hayamos tenido nada que ver. Piense en todos los médicos forenses que han examinado los cadáveres. Un partido como el nuestro no podría haberse hecho cargo del desembolso que supondría el soborno de, aunque fuera, unos pocos. (Frunce el ceño). ¿Podría orientar esta entrevista hacia un tema algo menos morboso?

P: Desde luego. Disculpe si la he ofendido. Es sólo lo que circula en la calle.

R: Correcto. Pero que la gente esté tranquila: ha votado a quien debía.

P: Entonces, ¿cuál va a ser su segunda medida, después del saneamiento de los cementerios europeos?

R: Vamos a centrarnos en la hipocresía.

P: ¿Cómo dice?

R: La hipocresía. El ansia insatisfecha de los votantes. Tienen derecho a saber quién va a gobernarlos.

P: Y, ¿quién va a gobernarnos?

R: Un partido consecuente.

P: No la entiendo.

R: Es parte de la revelación que prometí a su periódico cuando concertamos la entrevista. (Mira mi identificación). El EuropheaNews. En realidad podríamos haber escogido cualquier otro. Lo sabe, ¿no? De todos modos, enseguida entenderá a qué me refiero.

P: ¿Y se refiere a…?

R: A quitarnos las máscaras. A mostrarnos con los votantes tal y como somos, y a que ellos se nos muestren tal y como son.

P: Me está dando miedo.

R: (Ríe). Hace bien en tenerlo.

P: …

R: No se quede sin palabras, por favor. Sería el primer periodista del mundo en hacerlo.

P: ¿Podría explicarse con más claridad?

R: Por supuesto. Tendrá que perdonar mis eufemismos. Toda mi vida he sido una persona clara y concisa que ha hecho, ni más ni menos, lo que tenía que hacer. Por eso se me da tan mal andarme con rodeos. Sin embargo, era necesario.

P: ¿Necesario?

R: Todo lo que hemos empezado con el partido podría haber sido infinitamente más rápido. Siempre hemos trabajado con eficiencia, pero esta vez no se nos permitió.

P: Perdone. Debemos recapitular, si no le importa. No estamos enterándonos de nada. ¿Podría…?

R: Oh, está bien. Ya le digo que se me da fatal todo esto. ¡Se lo dije incluso a Él! (Ríe). Empezaré desde el principio. ¿Está bien dispuesto?

P: Sí…

R: De acuerdo. Todo empieza con la libertad. Es fundamental que el hombre tenga libertad para elegir. Toda esta pantomima de la ParCa no responde más que a la necesidad que tiene Él de permitir que sea el hombre mismo el que se extermine. Compréndalo, Él no desea aniquilar a la humanidad; pero sí desea que esta se aniquile sola.

P: ¿Él? ¿ParCa?

R: (Ríe de nuevo, esta vez casi a carcajadas). Partido Capitular. La negra Parca. ¿No lo ha entendido todavía? En realidad, no importa: pronto lo hará.

P: Está usted… ¿loca?

R: No. Debe comprender el proceso que estamos siguiendo. A la humanidad le ha llegado la hora. Yo he sido siempre la encargada de segar las vidas individuales, pero aquí requeríamos de un movimiento a gran escala. Él pensó mucho, ¡vaya si pensó!, y al final decidió que la mejor manera de llevar la muerte a todos los hogares era a través de un partido al que la gente hubiera votado democráticamente. Ya sucedió algo parecido hace un tiempo, aunque en aquella ocasión, el demonio elegido no estuvo a la altura y acabó suicidándose por amor, poco antes de la Gran Tribulación. En esta ocasión no quería más fallos, y me ordenó que me encargara en persona. (Señala mi taza). Se le va a enfriar el café.

P: Gracias… Continúe, por favor.

R: Aprovechamos el vacío dejado por la Tercera Guerra, ¡casi no hubiéramos necesitado ni presentarnos!, pero el ser humano es persistente. Sobrevive, aunque parezca mentira, a las atrocidades más extremas. De manera que Él se cansó de esperar. El momento era propicio, y creó el Partido Capitular y me puso al frente, dada mi experiencia. Ahora, después de una votación justa, el ser humano ha elegido: ParCa regirá sus destinos.

P: Pero entonces, lo de los otros candidatos… Sus muertes… ¡Estaba todo preparado! Al fin y al cabo, sí que tuvieron algo que ver. Ha mentido usted.

R: En primer lugar, soy una política, y todo el mundo sabe qué hace un político: miente como un bellaco. Y en segundo lugar, no hemos hecho nada que no estuviera ya trazado en la ficha de la vida de cada uno de esos candidatos. De un modo u otro, en breve todos habrían muerto. Unos por las mafias, otros de indigestión, otros de sífilis o atacados por el extraño pero infalible virus de la drogadicción. En eso me reafirmo: ha sido una feliz casualidad. (Sus ojos desmienten sus palabras).

P: Y, ahora que me ha revelado todo esto, ¿qué piensa hacer?

R: ¿Cómo que qué pienso hacer? ¿Cree que temo que salga todo a la luz, acaso? ¡Está todo hecho con ese fin! Usted irá a su periódico, publicará la entrevista y yo me dispondré a responder a los cacareos de las multitudes que me aguardan. Y tres días después, la vida en este planeta se extinguirá. Él lo necesita para otro proyecto: ha aprendido de sus errores. Por lo demás, no deben sentirse inquietos: la materia no se crea, ni se destruye, ni toda esa porquería. Ya encontraréis vuestro sitio.

P: Está usted loca.

R: (Sólo ríe).

P: Está usted loca… ¿verdad?

R: No quisiera terminar la entrevista sin darle una pista de lo que me pregunta. Sólo siéntase cómodo, y no me mire muy fijamente o lo lamentará. Pero…

(Se agarra un lado del rostro, a la altura de la oreja, y tira de él. Detrás, al replegarse la piel, se adivina una oscuridad inmensa, algo que abarca miles de universos, y que lleva a la más desesperada de las esperanzas rotas: el Vacío).

… como verá, no le he mentido en casi nada.

P: (Me encuentro aturdido y cansado). No me parece justo.

R: Bueno. Lo soportará.

P: ¡No quiero morir!

R: Ha recibido usted el gran premio, al ser el cliente número cien mil millones que me dice lo mismo. (Ríe).

P: ¿Hay algo que podamos hacer?

R: No. Ya han votado. Mayoría absoluta, amigo.

P: ¿Y una última oportunidad? Déjeme publicar todo esto antes de que Él se precipite, por favor… Debemos hacer algo, ¡por favor! ¡POR FAVOR!

R: ¿Una última oportunidad? ¡Habéis tenido millones! Si le sirve de consuelo, le invito al café.

La presidenta se levanta y deja un billete sobre el platillo. Me quedo un tiempo sentado, contemplando el ir y venir de la gente por la calle, y me lamento. Entrego poco después el material en la rotativa y presento mi dimisión.

Ustedes hagan lo que quieran. Yo tengo tres días para conquistarla de nuevo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *