El lago

La luna llena brilla en el agua quieta del lago. Bajo su luz, el bosque representa el mismo papel de todas las noches: la sinfonía de la oscuridad, con su coro de animales y susurros. No sopla apenas viento. En la casa, él abre los ojos y mira desde la cama hacia el exterior, hacia la luna, y la ve grande, y redonda, y muy clara. Sonríe y se da media vuelta para abrazarla. Pero ella no está. En su lugar, sobre la almohada, ve una nota. La lee, extrañado. Es una nota de despedida, de despedida para siempre. Se levanta corriendo, y piensa que podrá llegar a tiempo. Mientras sale de la casa, grita su nombre una y otra vez, pero no obtiene respuesta. Sólo el bosque habla, pero no es para él. Corre desesperado hacia la orilla del lago, porque allí ha visto algo flotando como un fantasma. Gime cuando se arrodilla y recoge el camisón, abandonado al borde del agua tranquila. Ella está en el lago, lo decía su nota. Sin pensárselo dos veces, y sin dejar de gritar su nombre, se arroja al agua. Todavía hay esperanza, todavía puede llegar a tiempo. Bucea, traga agua, respira brevemente. Tiene que encontrarla, y no será demasiado tarde. Pero siente que se le acaba el tiempo. La llama a gritos una última vez; sabe que, si ella no responde ahora, ya no lo hará más. Y el eco de su voz se pierde en el bosque, que repite el nombre hasta que se apaga, poco a poco, como una brasa en el hogar. Y con él se apaga la esperanza. Y ya va a dejarse él también, cuando escucha a su lado la esperada respuesta: es ella, desnuda entre las aguas, que lo mira con ternura. ¿Por qué gritas tanto?, le pregunta. Y él, que sin darse cuenta se ha puesto a llorar, la abraza y la siente. Creí que te había perdido, responde, respirando contra su cuello. Ella sonríe. Pero, tonto, ¡tú no puedes perderme!

Y cuando salieron juntos del lago, caminando lentamente, abrazados, susurrando, y entraron en la casa, la luna se apagó, el bosque dejó de vibrar y las ondas del lago se aquietaron definitivamente. Dos cuerpos yacían separados bajo las aguas, pero dos almas volvían a encontrarse.

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